El “Postconflicto” Militarizado (Editorial)

REMAACPP 2 Enero 2016 Tecnologia rema
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Por: Rema – Acpp / El postacuerdo no será un estado social sosegado, más bien desde ya se anuncia como el agitado escenario político en el que la oligarquía tendrá que sujetarse definitivamente a la constitución y las leyes, y comprometerse a disputar en igualdad de condiciones el poder con las fuerzas populares de Colombia. Sin embargo la doctrina de la “seguridad ciudadana", atraviesa el escenario y parecería anunciar por parte del gobierno colombiano un “postconflicto” muy convulsivo.

Si Álvaro Uribe durante ocho años “desapareció” el conflicto por obra y gracia de la fuerza “publica” y la motosierra, ahora Santos pretende nuevamente desvanecerlo bajo el artificio del “postconflicto”, política que transmite la llamada Seguridad Ciudadana, que se fundamenta en el aumento del pie de fuerza en las ciudades, de allí que Santos asegure; “estamos trabajando desde ya para preparar la fuerza pública para el posconflicto (…) necesitamos más policías, más presencia de la Policía”.[i] Los líderes de ese emporio económico y militar que es el de la seguridad privada, hoy congregados en Andevip[ii] ya le solicitaron al gobierno nacional contar con un papel “más protagónico apoyando a la Fuerza Pública en la prevención de brotes de inseguridad y alteraciones del orden público”.[iii]

Aunque el reconocimiento del gobierno nacional en relación a que en Colombia existe un conflicto armado y su aceptación que no por tácita deja de ser interpretada por la opinión pública, respecto a que dicho conflicto aloja en su raíz causas profundas en relación con el modo de producción, particularmente usurpador, y que está incrustado a un sistema político especialmente desigual, y a fuerzas del Estado que conciben y ejecutan violaciones a los derechos humanos, esencialmente crueles y que han dejado como efecto miseria – guerra y más miseria; ese reconocimiento del actual gobierno, solo emerge como precisión inherente al inicio y desarrollo del proceso de paz, pero no como reafirmación de la realidad sensible. El único soporte político del régimen es su belicismo y éste brotará como negación material del conflicto en cualquiera de sus expresiones y etapas.

“(…) más cámaras de televisión, más tecnología, para proteger mejor a los ciudadanos" insiste Santos, y sería incauto no relacionar las afirmaciones del presidente de la república, que se enmarcan en la llamada guerra contra la criminalidad, delincuencia organizada y el microtráfico en las ciudades, con anteriores políticas de militarización y represión en las zonas rurales, transmitidas en declaraciones similares con la coartada de la guerra contra el narcotráfico, que en la práctica fue y es guerra contra el pueblo y sus organizaciones de base.

Existe en este aspecto (y en otros) una especial coincidencia entre el gobierno nacional y Enrique Peñalosa nuevo alcalde de la capital colombiana, este último asegura que ya está trabajando con los congresistas en la reforma del Código de Policía, y que creará la Secretaría de Seguridad y Convivencia que incluye: “entrenamiento de policías para fortalecer su trabajo, hacer equipo con la Fiscalía para reducir la impunidad en la ciudad”. [iv] De esta forma la visión fascista de la seguridad será compartida por todos los sectores del régimen, y no es de extrañar, ya que la seguridad privada mueve en el país 5,97 billones de pesos anuales, es decir el 1,6 por ciento del producto interno bruto (PIB) nacional. Así el pueblo colombiano ha pasado de la seguridad democrática de Uribe a la prosperidad democrática y ahora se le pretenderá imponer el nuevo paradigma de la seguridad ciudadana.

Si bien es cierto que la oligarquía colombiana se ha visto obligada a ceder, y que los cambios y posibilidades surgidos desde ya del proceso de paz, se concretarán, dependiendo del seguimiento, presión y apropiación popular del mismo, también lo es que la lucha social por una honda transformación económica, será elevada a un estadio superior por el movimiento popular en su conjunto en el periodo inmediatamente posterior a la firma del acuerdo final. Es por ello también que la oligarquía prepara su respuesta y propende por imponer las condiciones desde ya.

El régimen colombiano se ha visto obligado a transfigurar formal y gradualmente su aparato jurídico, político, pero si no implementa reformas profundas, es decir hechos de paz desde lo económico y social y no efectúa cambios básicos en el aparato del Estado, dicha transformación y por su puesto aún más profunda, la producirá la sociedad misma desde un levantamiento popular. El gobierno presume que con la firma del acuerdo final en la Habana estará apagado el fuego social y político latente desde hace décadas en el país, pero al mismo tiempo se arma desenfrenadamente, con el fin de “aplacar” el conflicto político y social en su próxima fase. Sin embargo si no se dan las condiciones favorables, si continúan sin cumplirse los compromisos del gobierno colombiano con las organizaciones del pueblo, lo que implica que no se ejecuten por parte del Estado básicas reformas democráticas en todos los ámbitos de la sociedad, el movimiento popular no cesará de expresarse de acuerdo a las condiciones mismas que se le impongan.

Ahora se está adecuando el nuevo escenario de confrontación entre los movimientos populares y revolucionarios y el régimen colombiano. Todo indica que para este nuevo año el pueblo continuará exigiendo su derecho a la paz y ejerciendo su deber de construirla. Por tanto una Asamblea Nacional Constituyente, la firma de un acuerdo final, el cumplimiento de lo pactado, la erradicación del paramilitarismo no solo de las estructuras militares sino de su penetración en el Estado, el desmonte de aparatos represivos como el ESMAD, el rechazo a la militarización de las ciudades y el campo y las grandes jornadas populares por justicia social y soberanía, harán del 2016 el año en el que el pueblo colombiano, hará del postacuerdo un espacio propicio para el fortalecimiento de sus batallas, para el aumento de su creatividad y el descubrimiento de las más apropiadas y efectivas formas de lucha y confrontación política.

Notas

[i] http://www.elmundo.com/movil/noticia_detalle.php?idx=249598& [ii] Juan Carlos Medina Director Ejecutivo de la Asociación Nacional de Entidades de Seguridad Privada. [iii] http://www.portafolio.co/negocios/negocio-la-seguridad-colombia-0

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