La Dictadura de las Abstracciones

REMAACPP 22 Febrero 2016 Tecnologia rema
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El burgomaestre capitalino con su máxima neoliberal privatizadora, está atentando contra el patrimonio de las y los Bogotanos, la educación superior pública, la prosperidad de la sociedad y la esperanza como nación que camina hacia un pos acuerdo que impulsara la economía productiva para el desarrollo social.

El control social hace parte de la violenta obsesión burguesa que pretende una “sociedad civil” inmutable, enrutada, sea por fe, miedo o inconsciencia a servirle al sistema social y a admitir indefinidamente dicha situación. Los ideólogos y técnicos del mundo unipolar llevan a cabo sus análisis y políticas desde la perspectiva de la permanencia perpetua del Sistema y no desde la de su transformación. Esta mitológica concepción de la realidad esconde a través de abstracciones como control social, fenómenos tan concretos como guerra sucia y represión contra los pueblos.

En Colombia las estrategias de coerción contra las comunidades van aparejadas con la imposición de absurdas políticas de mercado, introducidas a través de la represión más violenta, forma a través de la cual, el estado burgués revalida su condición como “fuerza pública organizada para la esclavización social”, como lo definiera K. Marx.

Basta recordar el anuncio del presidente de Colombia Juan Manuel Santos, en julio del 2015, en relación a que el código de policía y las Zidres, serían su prioridad en la nueva legislatura. Es decir estamos entre lo que el pueblo llama la ley de la patada en la puerta en las ciudades y la legalización del despojo que hacen las multinacionales del territorio rural.

Para Juan Manuel Santos, proyectos como estos son “fundamentales para la construcción de una Colombia en paz”. El objetivo; garantizarle libertad absoluta al mercado capitalista y a sus cada vez menos beneficiarios en Colombia y el mundo.

1. Con el animismo neoliberal el capitalismo presentó ante la humanidad al dios del que siempre había predicado: El dios Mercado. De allí que el pretendido humanismo moderno capitalista, terminara siendo capitalismo salvaje premoderno, impuesto desde el violento control social, también así la tan anunciada “autonomía del sujeto”, concluyó en la “autorregulación” del mercado. Al nuevo dios, le correspondió una nueva religión, el credo neoliberal y una iglesia, el comercio mundial, donde aquel que no consume por su revocado poder de adquisición (situación a la que no cayó de manera voluntaria) es castigado con la exclusión y el infierno en la tierra. Tres mil millones de seres humanos se encuentran hoy en día en esta situación. Los llamados excluidos, han sido desterrados y su incriminada inactividad productiva los expulsa de esa sociedad capitalista que los concibió; al tiempo que son incluidos, por ser “merecedores” de sobrevivir de las flamantes migajas económicas, políticas, culturales y ambientales que arroja el capital.

El oprimido del siglo XXI está incluido solo porque es devorado por el capital y excluido solo porque es expulsado de la sociedad capitalista. Hoy en día los millones de desechados en el mundo representan el sacrificio humano al poder omnipotente, omnisciente y autoconsciente del mercado, que como tal, no puede ser ofendido por ningún tipo de regulación humana. Por el contrario sus frenéticas contorsiones, flujos y reflujos determinarán el ritmo y las leyes de la vida social. Así las cosas, la humanización del capitalismo es realmente la divinización capitalista de su codicia, y la materialidad de su “gloria”; la ley concebida a través del aparato político - jurídico de cientos de estados del mundo, impuesta violentamente a sus ciudadanos como mandamientos religiosos a través de las constituciones políticas.

El ritmo ascendente y vertiginoso de la miseria global por un lado y la glorificación de unos cuantos cientos de miles de personas cuyas fortunas equivalen casi al 70 por ciento de todo lo que la humanidad produce en un año, han sido los únicos milagros del dios mercado. Si la religión es como lo planteara Marx, el suspiro de la criatura agobiada, con la divinización del mercado, expresión ideológica de la deshumanización de la producción económica burguesa, es decir de su existencia independiente de los intereses y necesidades reales del hombre; la criatura agobiada pierde su respiro, y encuentra frente a sus ojos, el rostro feroz del mercado, del dios que no produce milagros.

Ese reverenciado mercado es regulado por aquellos quienes aseguran las condiciones para su autorregulación, lo que deriva en extravagancias tales como por ejemplo; la protección para los estados imperialistas y la apertura económica para los países dependientes; los EE-UU subsidian a su industria agropecuaria con millones de dólares cada año, pero al mismo tiempo le ordenan a países como Colombia, que abran sus fronteras y compitan pero sin subsidiar a sus industrias nacionales. Hoy el mercado es la dictadura de las abstracciones, improductividad y control sobre cientos de millones de esclavos asalariados y no asalariados, de suprimidos presentados naturalmente como el “lamentable” resultado del movimiento “lógico” del mercado. Pero en realidad dicha situación es producto de esas poderosas fuerzas que el mago ya no puede controlar. Las élites capitalistas de todo el planeta a través de sus fortificadas empresas transnacionales, frenan hoy y además sacrifican por oscuros intereses de clase y particulares, el avance integral de la humanidad. De allí que el capital hoy pretenda contener el avance de esa fuerza social y política mundial que se desarrolla en todos los continentes, empujada por los pueblos, cuyos propósitos y fundamentos se encuentran en los de un mundo democrático, multipolar y multicentral.

La élite capitalista financiera y militarista (dominante al interior de la clase global dominante), concibe y representa intereses inhumanos; la fabricación y ejecución perpetua de guerras brutales, la no implementación de políticas realistas, sinceras y profundas de carácter ambiental, que detengan la destrucción de la biosfera, la exclusión de miles de millones de seres humanos del trabajo; de su función vital, la epidemia de hambre, la fabricación de peligrosos escenarios de confrontación nuclear, todo esto en el contexto de un modo de producción que se globaliza privatizando el mundo y excluyendo a los seres humanos de él. Una exclusión controlada, ya que aunque si bien es cierto se expulsa diariamente a cientos de miles de seres humanos de toda actividad productiva, y en consecuencia se les priva de medios básicos de subsistencia, al mismo tiempo los millones que habitan en la miseria, son intervenidos, registrados y judicializados, junto al bombardeo publicitario, la propaganda, la represión jurídica y la de la policía, el ejército y otras huestes encubiertas del estado, que propenden por cercenar el desarrollo del movimiento social.

Para el capital fascista millones son población sobrante. El capitalismo niega la vida a los hombres como requerimiento para vivificar al mercado “autorregulado”. Priva a los vivos del derecho a la vida con el propósito de resucitar el trabajo muerto e impulsar su confuso peregrinar por los circuitos de la especulación financiera y de las guerras por recursos energéticos.

Así también, el régimen de dominación actual pugna por suprimir todo tipo de oposición seria al sistema y de controlar rebeldías de tal forma que nunca alcancen la dimensión política y organizativa suficiente, como para configurarse en un subsistema que eventualmente coloque en riesgo el control y el sistema social mismo.

2. En Colombia el régimen promueve la economía neomercantil, profundiza la militarización e invierte millones de dólares en la adquisición de tecnologías para el control social tanto en las ciudades como en el campo, a lo que se le suma una progresiva ofensiva por parte de los sectores fascistas por falsear para estigmatizar las bases ideológicas de las organizaciones populares y revolucionarias. Mayor control represivo para mayor desregulación del mercado y la aplicación de las medidas políticas, jurídicas y sociales que obedecen a la supuesta “racionalidad económica”, la cual subordina cualquier otra consideración. El régimen colombiano está débil, sus grietas son profundas y extensas, cada mañana los colombianos escuchan sus estertores por los medios masivos de comunicación, aquellos que al mismo tiempo le disfrazan los que son realmente efectos de la crisis estructural del régimen y de la decadencia de su clase dirigente; con el placebo del escándalo mediático, buscando reducir la capacidad de la opinión pública para percibir o entender entre -algarabía y algarabía-, la gravedad de la crisis política y social que vive Colombia.

La firma de un acuerdo final de paz en la Habana, es fundamental, entre otras cosas porque es apremiante la implementación de condiciones políticas esenciales en el país, que faciliten que los colombianos y sus organizaciones sociales ejerzan el derecho desde la lucha política a construir con garantías constitucionales un nuevo país.

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