Después de Todo Hay Triunfos que No Son Victorias

REMAACPP 17 de Diciembre 2016 Tecnologia rema
img

Es el pueblo la potencia transformadora de los acuerdos de paz, por eso anhela que se respeten los acuerdos con las FARC - EP, no porque crea que todo está hecho, o que las potencialidades transformadoras que de este emanan y que se materializarán en la implementación, resuelvan el conflicto estructural en Colombia

Es el pueblo la potencia transformadora de los acuerdos de paz, por eso anhela que se respeten los acuerdos con las FARC - EP, no porque crea que todo está hecho, o que las potencialidades transformadoras que de este emanan y que se materializarán en la implementación, resuelvan el conflicto estructural en Colombia, antes, por el contrario, comprende que el escenario social y político que generará la implementación de los acuerdos, facilitará su avance en el camino por la paz profunda, la lucha por el desarrollo social y la independencia. La evidencia indiscutible que descubre el engaño y maniobras de las fuerzas fascistas en contra de la paz, ha llevado gradualmente a que importantes sectores sociales perciban que lo acordado es producto de su propia insistencia, lo cual fortalece la decisión de no dejarse arrebatar este histórico avance, y aumenta la disposición ciudadana de proteger dicho logro que enaltece a las mayorías.

El Uribismo en su persecución a los acuerdos y en su obsesión delirante por la guerra y el reinicio de la confrontación armada en Colombia, pugna por encubrir dicho propósito con la consigna de realizar cambios a los acuerdos firmados en una mano, mientras exhibe la exigua victoria del No en la otra. Sin embargo, lo que pareció ser el 2 de octubre una victoria fascista, podría convertirse en el epitafio político de los promotores de la guerra infinita.

La campaña por el No a los acuerdos por su misma naturaleza, ubicó en un escenario político vergonzoso a sus promotores y por ello debió ser encubierta. El plan B uribista, presentado inicialmente a través de una enigmática expectativa, no pudo en efecto ser más que un proselitismo de Si a la guerra maquillado con frases de paz.

Es así como previo al 2 de octubre, la ejecución del plan B se trató de un postergado giro táctico, que en el año 2013 a raíz de los diálogos en la Habana, habían sugerido al interior del Uribismo el ex comisionado de paz Luis Carlos Restrepo y Fernando Alameda, este último analista del CPPC (Centro de Pensamiento Primero Colombia) quien recomendó en aquel entonces: “(…) El análisis de la correlación de fuerzas puede indicar que lo adecuado es retroceder y no dar la batalla o cambiar la ruta de ataque o la presentación del discurso”. (ALAMEDA, el debate de la táctica)

Este 2016 la ultraderecha no hizo otra cosa que intentar a través de su desgastada legitimidad política, pero con su enorme repercusión mediática, constreñir los resultados del plebiscito para imponer su tesis negociadora: “Urgencia para el cese de hostilidades, paciencia para los acuerdos finales”, la misma que propaló durante sus dos mandatos Álvaro Uribe y que pugna por subsumir a los colombianos en un nostálgico circulo perpetuo de la guerra.

Apresurado por los hechos y con el propósito de hacer sucumbir el proceso de implementación, la extrema derecha acata extemporáneamente las insistencias, del ex comisionado y demás ideólogos y modifica el discurso. A pesar de ello, el giro táctico, que es esencialmente lingüístico, comienza a desintegrarse, en momentos en que el país despierta de los efectos de la conspiración del No.

La clase política emergente y la tradicional, ostentan los resultados del plebiscito, como la decisión mayoritaria del pueblo, de la misma manera que durante décadas se han anquilosado en el poder desfachatadamente cabalgando en una escuálida minoría, la cual por lo demás en un gran porcentaje ha sido históricamente conseguida a través del fraude y la violencia. En consecuencia, no es absurdo en un país donde los muertos votan por los de siempre, ya que son los de siempre quienes producen el fraude y la violencia, preguntarse por quién votaron los muertos de la guerra en esta ocasión, ya que la clase política colombiana tiene la virtud de convertir los sepulcros en urnas, configurando fraudes oscuros que a pesar de ello no tienen nada de esotéricos, y cuyos médiums se encuentran probablemente en oficinas de la Registraduría y de otras instituciones del Estado.

Tanto Uribe Vélez como Juan Manuel Santos, el primero representante del capital mafioso y el segundo de la mafia capitalista tradicional, ambos divorciados del pueblo, hoy se auto erigen con cierto orgullo incómodo como vencedores sobre un podio usufrutuado, el primero parapetado sobre el lánguido pedestal de un poco más de cincuenta mil votos y el segundo sobre el premio nobel de paz y su política de la vacilación. Santos se pavonea ante la comunidad internacional, exhibe su premio con la gracia sombría de quien oculta su tributo a la guerra sucia, y con la sonriente perplejidad de quien sabe que su plumaje de señor de la paz es prestado, y deja tras de sí el hedor de los asesinatos extrajudiciales. Es por ello que sus triunfos no son victorias.

Hoy Santos ofrece a Uribe un acuerdo en la implementación de la paz, presume que ya terminó la negociación con las Farc y a lo mejor considera que debe iniciar definitivamente la negociación al interior del establishment, sin embargo en el proceso de implementación de los acuerdos el régimen deberá sentarse a conversar es con las inmensas mayorías organizadas y movilizadas, porque el pueblo cuenta con un gran sentido de lo concreto y sabe que la realidad económica, no está ajustada por el concepto jurídico, y que lo escrito y reglamentado debe materializarse en los hechos.

Primero fue la tesis dilatoria de la renegociación que aunque en la táctica fascista debió entenderse como procedimiento para facilitar el reinicio de la guerra, se convirtió en su contrario dado que aunque dilató en el tiempo la firma del acuerdo final, sirvió para que grandes sectores del pueblo despertaran del aturdimiento de la guerra y salieran a las calles a manifestarse en defensa de la paz, además, nuevos sectores antes adversos a los acuerdos, los conocieron, aportaron y hoy los apoyan. En ultimas la táctica dilatoria de la derecha fue devuelta contra ella misma profundizando su aislamiento y sin dejarle más recurso que iracundas maniobras discursivas.

El pregonado triunfo del No en el plebiscito, logrado desde el ardid, no le alcanza a la ultraderecha para que en la realidad política éste se concrete en acción de masas. Por eso, mientras multitudes de colombianos salían y abarrotaban la plaza de Nariño en Bogotá en defensa de los acuerdos y de la paz, el Uribismo solo le quedaba saturar con trinos las redes sociales, y mientras el pueblo resistía civilmente al ataque contra la paz; el uribismo convocaba a la “resistencia civil”, es decir alentaba por no decir decretaba el asesinato de dirigentes campesinos civiles en resistencia.

Sin embargo, el peligro real de regreso a la guerra ha actuado como detonante sobre sectores sociales paralizados, despertando su poder acumulado, lo que ya es imposible detener. La clase social dominante en Colombia puede ver atadas hoy sus manos, mientras el pueblo procede a desatar las suyas. La implementación indudablemente será el escenario y epicentro del conflicto en Colombia en ésta nueva fase. Demarca un proceso que debe garantizar el cumplimiento real de importantes logros económicos, políticos, sociales y culturales del pueblo, que la sociedad colombiana debe hacer respetar y cumplir como condición para su desenvolvimiento posterior en su lucha por la justicia social, lo que debe implicar en el futuro inmediato su misma profundización.

No cabe duda que serán permanentes las tentativas de los sectores de la clase dominante por unirse para variar, torcer, resquebrajar o dilatar la implementación, es decir la unidad de la clase social dominante solo podrá darse a costo del sacrificio de una implementación coherente y limpia.

Pero el pueblo sabrá movilizarse contundentemente y con nuevas y creativas formas, deberá avanzar en su propia unidad de clase, fundamentada en la lucha por los acuerdos y la paz con justicia social. Desde ya lo vemos; el siempre soslayado poder del pueblo emerge con fuerza inusitada de en medio de las grietas del régimen, con renovada energía política insurge constituyéndose en el único y más exacto referente de la realidad política colombiana en la actualidad.

Publicaciones mas visitadas

Ultimas Noticias